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Slideshare uses cookies to improve functionality and performance, and to provide you with relevant advertising. If you continue browsing the site, you agree to the use of cookies on this website. See our User Agreement and Privacy Policy. See our Privacy Policy and User Agreement for details. Published on Aug 16, Arrancame la vida Audiobook Free Arrancame la vida audio books google play.

Author:Nigor Gokus
Country:Zambia
Language:English (Spanish)
Genre:Love
Published (Last):13 March 2014
Pages:246
PDF File Size:5.82 Mb
ePub File Size:12.68 Mb
ISBN:592-1-42643-196-7
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This document was uploaded by user and they confirmed that they have the permission to share it. If you are author or own the copyright of this book, please report to us by using this DMCA report form. Report DMCA. Home current Explore. Words: 37, Pages: Preview Full text. Independencia Todas las cosas buenas de la vida despeinan.

Y eso te queda muy bien. Sedal La vida te despeina: Historias de mujeres en busca de la felicidad La vida te despeina. Es narradora y periodista; asidua colaboradora en diarios y revistas, tales como La Jornada y Nexos.

Clemencia pierde las cosas casi con entusiasmo y dado que en los viajes siempre se pierden cosas, nadie como ella para recuperarlas o consolar a quien las ha perdido. Igual abandonaron en Udine unos pantalones negros y un saco verde que en Mantova una blusa naranja.

Un haz de luz prestado por la muestra de cine pintaba de violeta el marfil de la catedral. En Mantova, hecha de terracota y tiempo, murallas y castillos, encontraron un festival de libros por toda la ciudad. El platillo local: ravioli di zucca. El sol se fue perdiendo en el perfil que corta el horizonte. Ellas no dejaron minuto sin despepitar un enigma.

Sobre el puente del diablo, detenidas mirando Cividale para reconocer el siglo doce. Porque turismo 12 hacemos todos en Venecia, tal vez incluso las palomas. Todo puede ser.

Siempre se vuelve uno mejor cuando anda fuera. Porque la vida devuelve y todo puede ser. Con todo el trabajo que hay atrasado. Cualquier cosa por el estilo, menos un abrazo comprensivo, eso es seguro. No, no puede esperar aplausos de nadie. Madera en el mostrador, madera en el piso, madera en el techo, tanta madera que tiene la calidez de un hogar.

Y las servilletas dobladas en abanico sobre los platos de postre son un encanto. La muchacha le alcanza una lista. Claro que no lo hay, apenas son las tres y veinte. Mientras tanto, la vida transcurre afuera con normalidad.

Voy a recomendar este lugar. La muchacha se inclina y Elena cree ver el vientre abultado debajo del delantal violeta. Se la ve feliz.

Paga y sale. Se acerca para mirar las prendas dispuestas con tanta gracia que atraen a mujeres y hombres por igual. Decide entrar por pura curiosidad y, de paso, hacer tiempo. Ir de la humedad de la calle al ambiente acondicionado de la tienda, ya la hace sentir diferente. Es imposible no sentirse deseable estando en ese lugar. Una mujer se le ha acercado. Un collar de perlas de dos vueltas, caravanas haciendo juego y un par de anillos que encandilan completan el conjunto.

Tiene cosas divinas. Es que solamente trabajo con lo mejor de lo mejor. En esto no hay secretos. Muchas vuelven para agradecer. Pero no es la ropa, sino lo positivo que ejerce en ellas. Lo coloca sobre su ropa y se mira al espejo, un gran espejo ovalado. Eso es fundamental. Suenan los cascabeles de la puerta. Las dos se saludan con un beso, como amigas. Debe de llevar culotes largos. De lejos, parece una carpa de circo. A esta altura le hago la ropa a medida.

Elena se prueba el resto de las prendas. Sale del probador. Hace lo mismo con la otra, lenta, suavemente. Me refiero a que tengo muchos motivos para ser, digamos, feliz. Mientras hablan, la mujer va envolviendo con primor cada prenda. Eso no sirve para nada. Eso no sirve; me he cansado de verlo.

Da gusto verlas. Elena sigue con la mirada cada detalle de sus movimientos, la elegancia natural que despliega al hablar, al 22 tomar la lapicera, la letra estilizada, la sonrisa apenas perceptible, casi una mueca.

Es narradora, poeta y profesora de Letras. Todos los treinta de diciembre salimos solas a cenar. Sin maridos, sin hijos, nada. Bueno, depende. Joven, pechos grandes, pelo negro. Cuando ese treinta de diciembre Olga, Ema y yo llegamos a buscarla estaba tirada en la cama llorando. Esa noche nos emborrachamos las cuatro y terminamos cantando en una de las fuentes de la avenida Nueve de Julio.

Algunas personas que pasaban caminando se pararon a mirarnos y unos tipos nos gritaron desde un auto. Las tres nos negamos. Podemos ir el mes que viene. Tiene que ser el treinta. Cuando volvimos a su casa Ema estaba borracha. A las diez de la noche del treinta llegamos las tres al hospital y le dimos a la enfermera una buena propina para que lo atendiera mientras Patricia no estuviera. Compramos una pizza y algunas latas de cerveza y cenamos en el patio del hospital.

Brindamos con las latas de cerveza sin animamos a decir una palabra. Ema, Olga y yo nos fuimos antes de las doce. Hoy es treinta de diciembre otra vez. Estaba deshinchada. Es licenciada en Letras, escritora, periodista, traductora y editora. El chupete. Llegaban tarde. Felipe lloraba y daba golpecitos en la puerta para salir. El olor a cigarrillo y a encierro la hizo retroceder en el umbral como si hubiera destapado una olla.

Papilla de papas, zanahoria, zapallo, pollo, arroz, carne, manzana, banana, pescado. Todos estaban confundidos, hervidos, mezclados, aplastados. Se estrellaba contra las puntas de las mesas y los marcos de las puertas. Les puso miel y una cucharada de cereal. Del otro lado de la pared, Felipe respiraba despacio. Pero seguro que hay que hacer otra. El ruido de la leche entrando a borbotones en la garganta.

Un llanto cortito y el tchuptchup del chupete. Ni gatos. Esta vez se trataba de un gato. Por suerte ya estaban por llegar. Igual que con Felipe. De su gata. Bueno, ahora es nuestro.

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